Me duele la muela y algo tengo que escribir. Tomé malas decisiones y ahora ya no es tiempo de renegar conmigo. Hay un dolor que se aparece momentáneamente y es como un pinchazo tan profundo que sube: de la muela a la cabeza. Por eso escribo, para que el dolor que llega a la cabeza se convierta en algo más. Mi compañero de trabajo puso un tema de Mc Caco, y lo cuento porque me pareció formidable como la banda que sonó antes: El Apache Ness. Leo, uno de los últimos en entrar al canal, nos encontró mirando un video en donde el protagonista desayuna un plato de cereales con Smirnoff. A su alrededor hay una alfombra de mujeres vestidas con ropa látex y botas de un negro acharolado con brillo extra. Leo -que hace unos cuantos años fue echado del Vaticano en una dudosa secuencia que nunca queda del todo clara- me pregunta, con un mate en la mano y restos de bizcochos en la remera, por qué la mayoría de las mujeres se tiñen de rubio. Le digo que hay estudios que se dedicaron a dar ese tipo de respuestas. Al toque pienso en todo lo que la ciencia aporta y el camino que le queda por recorrer. Una canción de Tu Papá le pregunta a una mujer semidesnuda cómo llega a la playa. Ella responde: “En cuatri pa”. A la ciencia le quedan respuestas por dar. Me duele la muela y me pregunto en qué pensamos cuando cerramos los ojos para escuchar más. O peor, por qué uno los cierra cuando quiere fijar la vista. “Cuidame el nene”, de Jackita, va ganando el espacio y el dolor se confunde.

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